La mañana del último domingo del verano se presenta radiante
y luminosa, Analía nos recoge con su coche a Ninoska y a mí, recorremos
charlando y bromeando los apenas cuarenta km. que nos separan del pequeño,
tranquilo y coqueto pueblo de la sierra de Madrid, donde está situada la
residencia de mayores donde vive la abuela Flora.
Llamamos al timbre y después de identificarnos se abre la
puerta y entramos, nos dirigimos a la recepción y preguntamos por Flora, la
recepcionista nos dice que está en el jardín, salimos y efectivamente allí está
sentada en su silla de ruedas acompañada por una cuidadora. La primera en dirigirse
a ella es Analía, hola abuela le dice dándole un beso y preguntando, ¿Cómo
estas, sabes quién soy? Flora la mira y responde, si, eres Paloma, Analía sonríe
y le dice, no abuela soy Analía tu nieta. La siguiente es Ninoska, hola guapa,
le dice mientras la besa ¿y a mí me conoces? no contesta Flora moviendo la
cabeza, soy tu nuera responde Ninoska dándole otro beso.
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| Flora |
Mientras deshacemos el camino de vuelta a casa pienso, que no
importa si las personas que queremos, nos reconocen y nos recuerdan, que lo
importante de verdad es si nosotros somos capaces de darles a ellas lo que
necesitan, afecto comprensión y cariño, mucho cariño y recuerdo la sonrisa y el
abrazo de Flora como el mejor de los recuerdos y reconocimiento por su parte.
