Qué bonito desde mi ventana veo la sierra de Madrid cubierta
de blanco, por fin nevó y llegó el romántico invierno.
¿Pero qué digo? ¡Estoy tonto yo! ¡Debo estar haciéndome mayor!
Si ya cogí un resfriado de no te menees, no paro de estornudar y mi nariz no deja
de moquear, ya he gastado diez paquetes de pañuelos de papel. Si para salir de
casa sin correr el riesgo de sufrir una congelación, tengo que ponerme más
capas que una cebolla, que sí calzoncillos largos de felpa, dos pares de
calcetines de lana gruesa, camiseta de manga larga, pantalón con forro polar, camisa
de lana, chaqueta de forro polar, botas forradas de borreguito impermeables,
bufanda de lana, gorro de lana y abrigo plumífero con capucha, sin olvidar el
paraguas, por si acaso.
Parezco Robocop, camino como un autómata al que se le está
gastando la batería. Si a las seis de la tarde ya es noche cerrada, los niños
al verme llegar con semejante pinta y atuendo, unos corren llorando, gritando
despavoridos y llamando a sus mamas mientras otros, los más valientes, me
insultan y tiran piedras.
Añoro el verano con sus cuarenta grados a la sombra, vestir
con unas bermudas, una camiseta de manga corta (si procede), unas chanclas y
nada más. Añoro la playa, la piscina, los helados de fresa y chocolate, las
terracitas con cerveza y pescadito frito y los largos paseos al anochecer,
añoro los días largos y las noches cortas, los gritos de los niños jugando bajo
mi ventana y poder quejarme diciendo eso de ¡Joer que calo!, por añorar añoro
hasta a el descerebrado que en las noches de verano pasa con su motocicleta a
toda pastilla por mi calle después de haberla quitado el tubo de escape y no soporto que me
digan aquello de… menos mal que ha llegado el frío, que también hace falta, me
entra una mala leche, ganas me dan de contestar ¡ Joder si tanto te gusta el
frío, móntate una vivienda en un camión frigorífico y vete a vivir a Groenlandia.
No sé si ha quedado claro que yo ¡¡¡ODIO EL FRÍO Y EL
MALDITO Y PUÑETERO INVIERNO!!!


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