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lunes, 23 de diciembre de 2013

De Poetas y poesía.

Hoy he estado "vagabundeando y callejeando" por este universo, que lo es bloguer, he pasado casi dos horas cotilleando docenas de blogs, y la verdad es que me ha sorprendido que los hay sobre las temáticas mas dispares y sorprendentes, de cocina,  mecánica,  fotografía, monigotes de plastilina, papiroflexia, o de como rizarte el bigote, etc., pero hay una temática que gana con mucho a todas las demás, ¡la poesía!, en bloguer hay cientos, que digo miles de poetas.

Yo la verdad, lo reconozco, no sé escribir poesía, la última vez que lo intenté me salió esto:


EL GATITO Y LA HORMIGUITA.

Las florecillas del campo
las corté con alegría
para llevárselas a la virgen
que era lo que más quería.

Cuándo vayas al campito
no pises la hierbecita
porque podrías matar
a las pobres hormiguitas.

¡Qué horror verdad!, ya os dije y os repito que yo no sé escribir poesía, pero eso no impide que si sepa leer y apreciar la poesía, me enseñó un viejo maestro represaliado por el franquismo, allá por los años...bueno hace muchos años, se llamaba Don César, fíjate si hace años que a los profesores los llamábamos Don y Señor, ¡ya te digo! cosas del pasado.

Pero bueno a lo que iba que se me va la olla, claro como soy bipolar, el hecho es que viendo tantos blogs de poesía, no se por qué se me vino a la cabeza una frase, un pequeño párrafo de un tal Bertolt Brecht, que dice...ni que hablar de amor y de flores, olvidara a tanta gente que está sufriendo dolor.

Y no se por qué, será porque soy bipolar, y estoy como un cencerro mal afinado, que me dio por pensar que salvo excepciones, haberlas haylas, que en este mundo hay mucha lírica, poca crítica y menos compromiso, ya lo dice la canción de golpes bajos, malos tiempos para la lírica.

Aquí os dejo una poesía, ésta si que lo es, no la he escrito yo!, y una canción, la poesía es de Gabriel Celaya, la canción de Daniel Viglietti, basada en un texto de Bertolt Brecht.


LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas, cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo. Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo. Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo. Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho. Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros. Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho. No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
autógrafo